Texto de Ro Trejo acerca de la primera sesión pública del 98lab, a cargo de Chinowski Garachana publicado en NoRockSolo Magazine.
El martes 25 de septiembre, fue la primera sesión pública (gratuita y de acceso libre) del 98Lab en el Centro de las Artes de Sevilla, a cargo de Chinowski Garachana, miembro co-fundador de El sueño de Tesla, colectivo malagueño cuyo trabajo se centra en el archivo, la producción y la educación creativa, en torno a la cultura “sonoravisual”.
“No es casualidad que la primera actividad del laboratorio de nuevos medios que empezamos a primeros de mes lo dediquemos a uno de los sentidos olvidados como es la escucha”.
La conferencia-audición comenzó con una sesión de escucha activa en la que Chinowski, frente a su ordenador y con los cascos puestos, iba “pinchando” cápsulas sonoras, al tiempo que se dejaba llevar por su ritmo. El público estaba sentado en gradas, de forma que el “escenario” quedaba abajo. Al fondo, un proyector en el que sólo aparecía el título de la conferencia. Estábamos prácticamente a oscuras: ideal para sumergirse -con todos los sentidos- en la escucha.
Al principio suena “Ruido contra el capital”, ruidos generados en las manifestaciones del 15M dado que era #25S y que Chinoswki es, además, activista sonoro. También escuchamos una radio-cápsula sobre la La Casa Invisible para el Canal Redes de la Radio del Museo Reina Sofía. Entre colchones rítmicos y melódicos, se van integrando voces y ruidos que recrean paisajes en la mente…
Tras cincuenta minutos de escucha activa (nos cuenta el propio Chinowski que es todo un lujo ya que no es habitual poder hacer un ejercicio tan largo) sale Ysabel, miembro también de El Sueño de Tesla, para resumirnos en qué consiste su trabajo.
Una de sus principales actividades son los Talleres de generación de mapas sonoros, que tratan de captar y registrar la interacción entre los seres humanos y la naturaleza, sonidos incidentales que se dan en determinados fenómenos sociales, o propios de algunas regiones, ya que el sonido es un elemento que tiene vida propia y también dota de identidad.
De hecho, el término soundscape (paisaje sonoro), acuñado por el musicólogo canadiense Murray Schafer, representa todo el continuo de música, habla y ruido, incluyendo los sonidos sintéticos y el silencio.
Habla de sonidos registrados que ya no se escuchan (un vendedor pregonando a “20 duros”, el tintineo al hacer encaje de bolillos), y cómo este patrimonio sonoro se perdería si no queda registrado. Esto nos lleva a reflexionar sobre cómo nos relacionábamos y cómo nos relacionamos con los sonidos de nuestro entorno; sobre la acústica de los espacios y su conexión, lo cual tiene a su vez una connotación social, ya que muchas veces dejamos de percibir los sonidos de nuestro entorno por ser una carga, cuando su escucha puede llegar a ser disfrute.
También llevan a cabo talleres con niñxs y jóvenes, ya que tienen gran interés en la educación creativa, introduciendo el arte como propuesta pedagógica. Les gusta trabajar con niñxs porque representan el futuro y gracias a su inocencia pueden desarrollar una gran creatividad. Es cierto que es una tarea difícil porque resulta casi imposible tener a lxs niñxs centrados en una escucha activa mucho rato, pero que el rato que están, están al 100%, llegando a identificar perfectamente las distintas capas sonoras. Al vivir en una época en la que estamos saturados de imagen, perdemos la capacidad de escucha de nuestro entorno y, precisamente por eso, es importante transmitirle a lxs más pequeñxs la importancia reconocer el espacio a través de los sonidos.
A raíz de una pregunta por parte del público, acerca de si existe o no una legislación que regule el registro del sonido, nos cuentan que no, pero que sí es necesario tener autorización, es decir, que es importante pedir permiso (sobre todo cuando se trabaja con niños) y tener buen trato, buscando cierta complicidad (la grabación de sonido es menos invasiva que la de imagen).
Cuentan que su trabajo tiene un importante componente colaborativo, que han trabajado en documentales y películas, en Radio3, o con otros artistas sonoros como Voluble o Malaventura.
Se despiden comentando que trabajan con licencias creative commons y que en algunos proyectos ceden sus derechos directamente al dominio público, ya que en el contexto del activismo en red, interesa tener el material casi en tiempo real, para poder difundirlo con rapidez (además el trabajo con audio es mucho más rápido y sencillo que el audiovisual); pero sobretodo porque consideran necesario alimentar el procomún y más cuando se trata de elementos que conforman la identidad de nuestras ciudades y nuestros espacios.